03 de abril de 2013

Un ejemplo de organización y trabajo compartido

La Federación de Cooperativas Agropecuarias de San Juan (FECOAGRO), con el asesoramiento del INTA, produce más de 350.000 kilos de semillas hortícolas por año, que se distribuyen en todo el país. Un recorrido por 20 años de gestión institucional.

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“Arrancamos con la idea de realizar un trabajo productivo y, con el tiempo, contagiamos  la idea y se sumaron nuevos grupos que luego se constituyeron en cooperativas”. Así resume Juan Carlos Sosa, productor e integrante de Fecoagro, los primeros pasos de la cooperativa que en la actualidad produce más de 350.000 kilos de semillas hortícolas por año.

“Sin dudas, la clave estuvo en el trabajo conjunto entre el INTA y ciudadanos dispuestos a convertirse en protagonistas”, aseguró Sosa y recordó: Esta iniciativa nació en 1982, en Angaco –San Juan– de la mano de un grupo de 14 personas con una idea en común: producir semillas hortícolas para la venta.

La experiencia de ese pequeño grupo de productores se transformó en la Cooperativa del Carmen. “Con el tiempo, empezamos a producir y contagiamos la idea. Se sumaron nuevos grupos que después se constituyeron en cooperativas y que hoy son socias de Fecoagro”, expresó Sosa quien además destacó que “la clave estuvo en el trabajo conjunto entre el INTA y ciudadanos dispuestos a convertirse en protagonistas”.

En la actualidad, Fecoagro es una asociación en la que confluyen 30 cooperativas integradas por más de 650 familias. Eduardo Pablo Franovich, presidente del Consejo de Administración de Fecoagro, resaltó la importancia de que “los propios productores somos los que estamos al frente de esta gran organización, que es nuestra empresa”.

La acción cooperativa contribuye al desarrollo del medio y brinda una estructura de organización. De esta manera, la alianza de la Federación de cooperativas con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, para el Plan Nacional de Seguridad Alimentaría mediante el Programa Pro Huerta significó la ocupación de mano de obra de los asociados, “se generó trabajo genuino a más de 350 mujeres durante cinco meses al año”, expresó Franovich.

De acuerdo con Francovich, la acción cooperativa contribuye al desarrollo del medio y brinda una estructura de organización.

Otro de los grandes aportes de la vinculación asociativa se reflejó en la creación de un centro comercial propio, en el se venden, además de las semillas hortícolas, más de 40 productos como queso y dulce de leche de oveja, mermeladas artesanales, vinos, aceites, tejidos en telar, aromáticas e indumentaria de trabajo y escolar.

De acuerdo con Franovich, la vinculación estas instituciones les permitió acceder a otros mercados como Corea y Japón. “De hecho, en la actualidad tenemos una estrecha relación comercial con Haití”, señaló.

20 años no es nada

En 20 años, sucedieron muchas cosas que nos “permitió construir una red vincular institucional”, indicó el Presidente de la Federación de Cooperativas y agregó: “Logramos una organización que permite otorgar créditos operativos, contamos con un plan de salud y de viviendas y otorgamos becas para estudios terciarios y universitarios a los hijos de nuestros socios”.

Luego de 20 años de trabajo conjunto, entre productores familiares, el INTA y distintas instituciones, Fecoagro se consolida  como un espacio de encuentro en el que el “desafío será gestionar una organización común con un futuro para todos. La intención es trabajar unidos, porque cuando muchos hombres marchan en una misma dirección, surge el camino”, concluyó Franovich.

Ariadna Celi, integrante del proyecto Sistemas Cooperativos de San Juan, destacó la importancia de la experiencia de este grupo de productores. “Es una muestra de la manera en la que estas organizaciones aportan al desarrollo de las comunidades”, dijo.

“Fecoagro, sin dudas, se convirtió en un referente local que tiene presencia en toda la provincia y nuclea a la mayor parte de los pequeños y medianos productores de la provincia”, señaló Celi y agregó: Representan una forma de asociación productiva, con reglas claras y que tienen un papel relevante, no sólo en la producción de alimentos sino en el desarrollo rural. “La gente identifica que hay un grupo de productores que está ahí y trabaja. Esto evita la migración de los jóvenes a las ciudades”.

“Desde el INTA, acompañamos la construcción de una organización colectiva compleja que hoy, fruto de ese proceso, tiene un capital social propio capaz y es capaz de autogestionarse”, expresó la técnica del INTA.