24 de septiembre de 2014

Presentan el primer alimento identificado desde la semilla hasta la góndola

Con el asesoramiento del INTA, productores de Santa Fe, elaboran harina de trigo que, en un código QR, almacena toda la información referida a su producción. Este ejemplo de trazabilidad se presenta en Manfredi.

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Entre los requisitos esenciales de todo producto, la calidad es uno de los primordiales. Y, en los últimos años, este concepto evolucionó para convertirse en un factor estratégico clave del que depende la fidelidad del consumidor y el éxito de su comercialización. Así lo entendieron en Agrotorresi, una empresa santafesina dedicada a la producción de granos que mediante el asesoramiento del INTA aplican diversas tecnologías de precisión y trazan cada etapa del proceso de elaboración de la harina de trigo. Lo presentarán en el 13º Curso Internacional de Agricultura de Precisión el 24 y 25 de septiembre en Manfredi, Córdoba.

Para Andrés Méndez –técnico de esa unidad del INTA– “el futuro de la producción de alimentos va de la mano de la trazabilidad de procesos” dado que permiten agregarle valor al producto con la consecuente diferenciación del mismo, lo que te habilita para acceder a mercados especializados.

En este contexto, la empresa santafesina Agrotorresi desarrolló el primer producto alimenticio –un paquete de harina de trigo– que cuenta con toda la información referida a su producción almacenada en un código QR. Así, mediante la implementación de herramientas de agricultura de precisión y el apoyo del INTA, se agrega valor para acceder a nuevos mercados.

Uno de sus dueños y gerente comercial –Gustavo Torresi– aseguró que: “Los consumidores son más exigentes y requieren que la calidad del producto que van a consumir esté garantizada” y, en este sentido, las herramientas de agricultura de precisión cumplen un rol fundamental.

Así es que, para la producción de estos paquetes de harina de trigo diferenciados, en Agrotorresi utilizan el geoposicionamiento, los banderilleros satelitales y pilotos automáticos en sus cuatro cosechadoras que, además, cuentan con GPS y permiten elaborar un mapa de rendimiento. “Toda esta información se almacena en un código QR disponible en los paquetes de 5, 10, 25 y 50 kilos para la lectura del consumidor”, explicó Torresi.

De este modo y mediante una simple aplicación en el celular, quien adquiera el producto podrá conocer desde la variedad de la semilla de trigo utilizada hasta los insumos y dosis aplicadas, como así también la fecha de cada etapa del proceso. “Se trata del primer alimento del mundo en contar con la trazabilidad en todo el proceso de elaboración, desde la tierra hasta la góndola”, sentenció el gerente.

Para Andrés Méndez –técnico de esa unidad del INTA– “el futuro de la producción de alimentos va de la mano de la trazabilidad de procesos”.

Procesos trazados

De acuerdo con Méndez, la trazabilidad es la “capacidad de seguir un producto a lo largo de la cadena de suministros, desde su origen hasta su estado final como artículo de consumo” y, para esto, son imprescindibles tanto las herramientas de agricultura de precisión como el compromiso de los integrantes del sistema a fin de contar con información precisa y confiable. “Es un estilo de trabajo”, aseguró el especialista.

Para el técnico, una siembra trazada es “clave para minimizar las fallas en la implantación de cultivos con la consecuente minimización de las pérdidas”. Así, mediante los monitores de siembra –para dosis variable o no– permiten ingresar datos identificatorios y garantizar, así, la procedencia de la materia prima.

Asimismo, mediante sensores, se puede determinar con gran precisión la densidad de las semillas y la dosis de fertilización aplicada en el lote. Si, al mismo tiempo, se lo acompaña con un GPS (Sistema de Posicionamiento Global) se puede registrar la información de cada lugar del lote y elaborar, así, un mapa de siembra o aplicación.

En cuanto a la trazabilidad en la pulverización, Méndez destacó la importancia de “controlar y registrar la cantidad y volumen de fitosanitarios aplicados a la materia prima para lograr un producto final libre de tóxicos químicos”, en especial cuando se trata de verduras frescas, frutas o algún otro alimento de consumo directo.

Para esto, las computadoras de aplicación que se utilizan en las pulverizadoras registran las aplicaciones realizadas, lo que permite tener una trazabilidad fitosanitaria del cultivo y el lote –lugar de aplicación, el producto utilizado y la dosis aplicada–.

Y, en poco tiempo, se podrá contar con el registro de las condiciones ambientales del momento de la aplicación, como también el uso de drones para certificar, en el mismo momento de la aplicación de los productos químicos con fotos o filmaciones, que no hubo deriva, entre otros factores.

De acuerdo con Méndez, la trazabilidad es la “capacidad de seguir un producto a lo largo de la cadena de suministros, desde su origen hasta su estado final como artículo de consumo”.

Precisos y reunidos

Más de 50 especialistas reconocidos a escala mundial dirán presente en el 13° Curso Internacional de Agricultura de Precisión el 24 y 25 de septiembre en Manfredi, Córdoba. Con entrada libre y gratuita, esta edición contará con tres espacios de capacitación e intercambio en simultáneo.

Entre las numerosas disertaciones se destacan la del belga Josse Baerdemaeker quien hablará sobre la última tecnología en cosechadoras, pulverizadoras y sembradoras a nivel mundial. Por su parte, el estadounidense Bruno Basso expondrá sobre variabilidad climática y aplicaciones de modelos agronómicos para el manejo de nitrógeno.

Asimismo, el especialista del INIA Chile Stanley Best se referirá al uso de software para el manejo de datos recolectados por drones, cámaras multiespectrales y sensores colocados en el terreno. Y José Molin, de la Universidad de San Pablo (Brasil), disertará sobre sus trabajos relacionados a la aplicación variable de insumos por ambientes, maquinaria y herramientas de agricultura de precisión.

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