Nativas | 09 de abril de 2021

Maqui: el súper berry que el INTA busca cultivar

Es una pequeña baya de color violeta intenso con propiedades nutricionales y antioxidantes que la convierten en un superalimento nativo de la Patagonia. Por la alta demanda del fruto, el INTA Bariloche trabaja en su conservación y su domesticación para garantizar la producción sostenible.

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El Maqui es una pequeña baya de color violenta intenso con propiedades nutritivas y beneficiosas para la salud que la convierten en un superalimento. Esta especie nativa de la Patagonia, sólo se encuentra en Chile y en la zona cordillerana al sur de la Argentina, razón por la cual investigadores del INTA Bariloche buscan preservar y domesticar el cultivo para garantizar una producción sostenible en la región.

Se trata de una especie de berry nativa que tiene un valor cultural y sagrado para los pueblos originarios de la zona. Desde hace cientos de años, se utiliza este fruto de forma tradicional por los beneficios que proporcionan como su alto contenido de vitamina C y polifenoles y su poder antioxidante y antiinflamatorio.

 “En Chile, el aumento en la cosecha de maqui de poblaciones naturales está provocando pérdida de plantas y zonas de bosque donde ya no se encuentran plantas con frutos. Por eso, teniendo en cuenta que cada vez hay más demanda, desde el INTA nos queremos anticipar a ese escenario y preservar este recurso natural de nuestros bosques patagónicos”, señaló Cecilia Roldán, investigadora del INTA Bariloche –Río Negro–.

En la Argentina el maqui no es tan popular y es escasa la oferta de productos elaborados en base a este fruto. Por el contrario, en Chile se utiliza para preparar zumos, dulces, bebidas, deshidratados y hasta productos de cosmética y belleza y desde el año 2015 aumentó la exportación hacia países como Japón, Corea del Sur, Italia, Estados Unidos, Alemania, Australia y Dinamarca.

El trabajo que lidera la investigadora implica la selección de ejemplares de esta especie en poblaciones naturales y su evaluación bajo distintas condiciones – logrando su aclimatación al estrés hídrico y lumínico de la zona– para obtener un cultivo mejor adaptado a la zona con miras a una producción comercial, sin poner en riesgo la existencia del fruto nativo.

“Una de las primeras tareas fue identificar distintas poblaciones a lo largo de los bosques patagónicos para recolectar los frutos, para luego hacer análisis bioquímicos sobre la composición que le da la capacidad antioxidante”, señaló Roldán.

A partir de esos resultados y mediante evaluaciones de productividad potencial y parámetros de calidad y cantidad, se seleccionaron plantas para multiplicar en el vivero en un ensayo en la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Bariloche. “Tenemos 20 genotipos distintos que estamos evaluando y consideramos que todos se van a comportar de distinta manera, algunos responderán mejor que otros, y eso nos ayudará a determinar cuáles son más aptos para cultivar en cada zona”, reveló la investigadora.

El mercado de los berries nativos se sustenta en la colecta de poblaciones naturales que, si no se realiza bajo ciertos protocolos, se corre el riesgo de afectar negativamente la productividad de cosechas futuras. “Si bien el maqui se encuentra entre otras especies del bosque, no hay muchos ejemplares. Si a eso le sumamos una mala cosecha, la planta puede dañarse y dejar de producir frutos durante dos o tres años”, explicó Roldán, al tiempo que señaló que el proyecto también prevé el armado de una cartilla de buenas prácticas de cosecha del maqui.

“No existe información respecto a si la colecta de maqui silvestre es sostenible y tenemos demandas de productores que quieren introducir este cultivo de la zona. Por eso, buscamos la domesticación de esta especie para brindarle una alternativa distinta al productor de la zona con el objetivo de que en un futuro pueda obtener frutos de calidad homogénea, niveles de producción estables en el tiempo y de origen trazable”, indicó Roldán.

La domesticación del maqui permitirá evitar la sobreexplotación del recurso nativo, como así también incrementar su disponibilidad y asegurar su productividad en la zona. “Aunque la domesticación del cultivo es un largo proceso, creemos que va a impactar en la economía local porque los productores locales podrán cultivar un fruto que esperamos sea consumido en la zona, y también podrían apuntar al comercio exterior”, concluyó la investigadora.