29 de noviembre de 2010

La huella hídrica para agregar valor

La Argentina es un gran exportador de “agua virtual”. En granos, vende casi 46 mil millones de metros cúbicos de agua e importa 3.100 millones.

Si para producir una caja de manzanas se necesita un mínimo de 8 mil litros de agua, sería interesante “hacer notar al país comprador la cantidad de agua que ahorra y que puede direccionar a otras necesidades esenciales de su población”. Así lo expresó Enrique Sánchez, especialista en nutrición vegetal del INTA Alto Valle –Río Negro–, para quien “se debería sacar ventaja del agua virtual que se exporta”.

El concepto de “agua virtual” nació a principios de los ’90 y considera el consumo real de agua necesario para obtener un producto o servicio. “Aquellos países que dispongan de este recurso y lo sepan administrar, ciertamente serán las nuevas potencias en un futuro no muy lejano”, afirmó Sánchez.

La agricultura es el primer sector económico en cuanto al uso de agua y el intercambio de productos agrícolas constituye el elemento principal del comercio del agua virtual.

Para el especialista del INTA, sería deseable que las cajas señalen el agua utilizada para generar el producto que, en definitiva, también es agua que el país importador ahorrará. “De la misma manera que hoy se exige que los alimentos se produzcan con el mínimo de energía fósil –huella de carbono–, en el futuro los requerimientos de agua también serán evaluados en los intercambios comerciales”, señaló.

Además del agua que es utilizada en los hogares o fluye por los sanitarios, todo lo que consumimos implica una determinada cantidad de ese líquido. Por caso, la producción de un kilogramo de carne necesita casi 10 mil litros de agua, mientras que un kilo de trigo consume mil litros de agua; una taza de café, 140 litros y un kilo de manzanas requiere aproximadamente 400 litros. Para fabricar una camiseta de algodón de 500 gramos deben utilizarse 4 mil litros de agua en todo concepto, desde la obtención de la materia prima a la industrialización.

La ONU estima que, para 2020, más de 250 millones de personas en todo el mundo tendrán problemas de acceso al agua. “Basta con recordar que sólo el 0,5% del agua del planeta es dulce”, remarcó Sánchez, quien además expresó: “Hoy disponemos de ventajas comparativas que no son tenidas en cuenta y que ciertamente pueden mejorar el negocio frutícola argentino”.