03 de mayo de 2016

Flor de la Quebrada, un ejemplo de trabajo asociativo

En Maimará, 22 productores se unieron y conformaron una cooperativa para la producción de flores de corte y plantas ornamentales. Con el apoyo del INTA, cultivan claveles, margaritas, gladiolos y crisantemos.

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En Jujuy, la floricultura aparece como una alternativa económica y rentable que permite diversificar y complementar a la horticultura. Con el apoyo del programa Cambio Rural II del INTA, un grupo de productores se unieron y conformaron la cooperativa Flor de la Quebrada, un espacio dedicado a la producción de flores de corte y plantas ornamentales. Así, en invernaderos propios cultivan claveles, margaritas, gladiolos y crisantemos.

“En Maimará, la floricultura es una actividad alternativa que complementa a la horticultura”, señaló José Agüero, técnico del INTA Hornillos –Jujuy–, quien además indicó: “Esto les permite diversificar el sistema de producción, lograr mayor rentabilidad por unidad de superficie y acceder a segmentos y nuevos nichos de mercado”.

Emplazada a 2.334 metros sobre el nivel del mar, Maimará es el corazón productivo de la región. La topografía y la altitud definen los elementos de un clima caracterizado por una intensa radiación solar, precipitaciones mínimas, invierno seco y acotado período libre de heladas.

“Acompañamos a los floricultores y los apoyamos con información tecnológica que les permita producir, en función a la demanda de flores que hay actualmente en la Argentina”, señaló Agüero y explicó: “Las especies que se comercializan para arreglos requieren cuidados especiales, sobre todo cuando se pasa de trabajar del campo al invernadero”.

Cruz destacó la iniciativa de los productores de querer producir en el invierno.

Patricia Cruz, una de las integrantes de la cooperativa, destacó la iniciativa de los productores de querer producir en el invierno. “Nosotros, acá en la quebrada, tenemos una variación muy amplia de temperaturas entre el invierno y el verano”, indicó Cruz quien afirmó: “Gracias al aporte de los técnicos del INTA, pudimos obtener claveles, margaritas, tul de novias, gladiolos y crisantemos”.

El proyecto Energías renovables para nuestras flores maimareñas, impulsado por el programa Cambio Rural II, incluyó la construcción de un invernáculo para producir plantines florícolas propios y de calidad.

“Los productores comenzaron comprando los plantines a Buenos Aires”, expresó Gabriela Gómez, promotora de Cambio Rural, y agregó: “Nuestra idea es aprovechar las condiciones agroecológicas de la región y acompañarlos para que puedan producirlos ellos mismos”.

Flor de la Quebrada es una cooperativa de trabajo que impulsa a la floricultura como actividad para el desarrollo de la región.

Así, además de generar fuentes de trabajo genuinas “van a contar con plantines de mejor calidad, para iniciar a un ciclo de producción mucho más exitoso”, aseguró Gómez.

En 2015, tras analizar las posibilidades que ofrecía la floricultura para la zona, se formaron dos grupos Cambio Rural II: uno de floricultores denominado “Flores Maimareñas” y otro de emprendedores “Flores Industria Maimareña”.

“El primero, se enfocó en la producción y la obtención de un producto de calidad; mientras que el segundo, se dedicó al agregado de valor, la comercialización y el posicionamiento de las flores del primer grupo”, explicó Gómez y puntualizó: “Ambos y de manera articulada, buscan el fortalecimiento de la cadena de la flor de corte, para mejorar su rentabilidad”.

Mediante el trabajo colectivo y articulado, accedieron al financiamiento del Programa Consejo de la Demanda de Actores Sociales (Prcodas), que promueve la ejecución de Proyectos de Tecnologías para la Inclusión Social (PTIS), desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Informe emitido en el noticiero Pampero TV