06 de junio de 2014

Secadero sustentable, tecnología para sumar valor a la huerta

Funciona con energía solar y biomasa. Es una opción para aprovechar el excedente de producción y aumentar cerca del 50% las ganancias. Se mostrará en INTA Expone NEA del 27 al 29 de junio en Posadas, Misiones.

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En la localidad misionera de Campo Viera, el grupo Los Colonos se propuso agregar valor a las verduras que producía de manera agroecológica y encontró, en un secadero que funciona con energía renovable, una alternativa sustentable para aprovechar los excedentes de la huerta. Esta tecnología permite aumentar casi el 50% de las ganancias y se podrá conocer en INTA Expone NEA –Posadas, Misiones–, el 27, 28 y 29 de junio.

Con el apoyo del INTA y de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional de Misiones (FAyD-UNaM), seis colonos se asociaron para construir un secadero, que funciona con energía solar y biomasa, fuentes abundantes y accesibles en la zona.

Silvina García, la ingeniera en alimentos que los acompaña desde el INTA Oberá, dijo que “la idea era tener una tecnología adaptable al productor para procesar los excedentes de la huerta”.

Acelga, perejil, orégano, cebolla de verdeo y de cabeza, puerro y hierbas medicinales eran algunos de los productos que comercializaban frescos en la feria municipal. “Lo que sobraba, se perdía y ahora, con esto, aprovechamos todo”, explicó Lidia Verner, integrante del grupo. Así obtienen una ganancia cercana al 50%, sin considerar las pérdidas que evitan al no desechar el remanente de una jornada de feria.

Los primeros prototipos en la región fueron diseñados en el 2010 por la FAyD-UNaM y el INTA Oberá, con financiamiento del Ministerio de Agricultura de la Nación. Luego se mejoraron con el aporte de la Subsecretaría de Agricultura Familiar y la dirección de Jorge Senn, ingeniero decano de la FAyD-UNaM. En este caso, “el tema de la energía renovable fue una de las premisas de diseño inicial porque Misiones es una provincia que tiene mucho sol, pero también, como otra fuente, la biomasa, que es abundante”, indicó.

En un secadero que funciona con energía renovable, el grupo misionero Los colonos encontró una alternativa sustentable para aprovechar sus excedentes de producción.

El secadero es un pequeño recinto cerrado con una placa solar absorbente en el sector posterior, aprovechando la inclinación natural del terreno. A su vez posee un horno para biomasa, que es una cavidad en la parte inferior de la estructura. Sobre esta fuente de calor, una capa de piedras actúa como acumulador térmico, de modo tal que la temperatura se mantenga por un tiempo prolongado.

Mediante unas aberturas en la parte inferior, el aire ingresa y, al pasar por las piedras calientes, aumenta su temperatura, asciende, entra a la cabina de secado entre las bandejas y sale húmedo por la chimenea metálica.

Para conducir los gases de la combustión de la biomasa al exterior, una chimenea metálica atraviesa el secadero por el centro. Las bandejas de secado –mallas metálicas con marco de madera– se disponen una encima de la otra, a ambos lados. Por convección natural, el calor se eleva y las atraviesa, arrastrando la humedad de los productos, que sale a través de otra chimenea.

Según Ramiro Sosa, del Prohuerta del INTA Oberá, “en verano podría funcionar solamente con el colector solar”. Esa situación es diferente en otros momentos del año. “En invierno nuestro clima es húmedo, hay muchos días nublados, entonces es necesario el acompañamiento del horno a biomasa”, indicó. Así, en ausencia de suficiente radiación, utilizan leña de sus propios lotes, con un mínimo consumo: un secado demanda menos de medio metro cuadrado.

Las bandejas de secado son mallas metálicas dispuestas una encima de la otra, a través de las cuales pasa el aire y arrastra la humedad de los alimentos.

Paso a paso para agregar valor

Los integrantes del grupo Los Colonos cosechan la verdura de sus huertas, en conjunto la lavan y la dejan secar hasta el día siguiente. “El horno se prende media hora antes de usarlo”, dijo Antonia Ziebruk, otra de las productoras. Cortan las hortalizas y cargan el secadero para comenzar la deshidratación. “Con seis kilos por bandeja, tarda de seis a siete horas para que esté seco”, agregó.

El tiempo y la temperatura adecuados varían según sean verduras, plantas aromáticas o medicinales. Para las hortalizas la temperatura ronda los 60ºC y en las medicinales no debe superar los 50ºC, para evitar que pierdan sus principios activos.

Por otra parte, pueden hacer pre tratamientos para preservar el color de las verduras y evitar características indeseables. En el caso de la zanahoria, por ejemplo, “se la somete a un escaldado, que es sumergir en agua hirviendo unos minutos y luego en agua fría, para cortar la cocción”, explicó García. Esto ablanda los tejidos para facilitar el secado y fija el color.

El secadero se construyó en la chacra de una de las integrantes del grupo, donde preparan los productos. Una vez deshidratados se fraccionan en bolsas que, bajo el nombre Conservando lo nuestro, comercializan en la feria de Campo Viera.

Con el acompañamiento del INTA y de la facultad dieron un paso más. Aparte de venderlos por separado, elaboran un mixto de cebolla, zanahoria, puerro y acelga, para preparar sopas, salsas y rellenos.

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