Sanidad vegetal | 28 de enero de 2026

La detección temprana ordena el manejo de la chicharrita del maíz

El monitoreo temprano y constante de la plaga se consolida como herramienta técnica clave. Así lo señalaron especialistas del INTA durante un conversatorio con productores y técnicos, donde compartieron información actualizada sobre la presencia de Dalbulus maidis y el porcentaje de insectos infectados, remarcaron la importancia de un diagnóstico ajustado a cada lote.

  • 0

Los relevamientos realizados hasta el momento indican que los maíces tempranos no presentan riesgo y que, en los maíces de segunda, la probabilidad de impacto por el momento resulta baja, especialmente al sur del paralelo 30. De acuerdo con los datos de monitoreo, no todos los sitios registran presencia del insecto, lo que permite enfocar las decisiones con mayor precisión y sin generalizaciones.

Con el objetivo de dialogar sobre esta problemática y la aparición de chicharritas en algunas zonas productivas, y compartir información relevante para la toma de decisiones, se realizó el Conversatorio sobre Chicharrita y achaparramiento del maíz.

“El monitoreo es la base para cualquier decisión”, explicó Eduardo Trumper, coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal del INTA. En ese sentido, subrayó que conocer si hay presencia o no de chicharritas, y en qué magnitud, cambia por completo el enfoque de manejo. “Para quien debe tomar decisiones de manejo, no es lo mismo conocer si un lote tiene o no chicharritas y no es lo mismo encontrar densidades muy bajas o muy altas; esa información orienta el análisis”, señaló. Los especialistas reconocieron que al sur del paralelo 30, en maíces de segunda el riesgo no sería elevado. Hasta la fecha y de acuerdo con resultados de monitoreos, son pocos los sitios que arrojan presencia de chicharritas. Sin embargo, la densidad está aumentando.

Por su parte, expresaron que en el NEA y NOA el panorama es diferente. Los maíces de segunda o tardíos se encuentran en estado fenológico iniciales (que son los más susceptibles) y las redes de monitoreo están mostrando que las densidades de chicharrita no llegan a valores tan altos como en la campaña agrícola de la epifitia, por lo que el riesgo sería menor que aquella campaña 2023/2024.

Respecto del manejo químico, los especialistas fueron claros en señalar que no existe una única respuesta válida para todos los casos. Las decisiones deben evaluarse lote por lote y contemplar la información que aporta el monitoreo. En caso de optar por una aplicación, se recomendó focalizarla en la bordura, salvo que el relevamiento indique una densidad relevante de Dalbulus maidis -vector que transmite la enfermedad- en todo el lote.

“Las decisiones son aproximaciones técnicas, no recetas”, explicó Trumper, y remarcó la necesidad de balancear costos y beneficios. A su vez, destacó que, de tomarse la decisión de aplicar, se deben emplear los productos aprobados por el SENASA.

Los técnicos aclararon que en algunos casos la eficacia puntual de las aplicaciones puede llegar a valores del 80 %. Sin embargo, esto no necesariamente garantiza el éxito de la intervención ya que, por ejemplo, podrían ocurrir reinfestaciones de chicharritas por dispersión desde lotes vecinos.

Respecto a los monitoreos, el INTA aplica un protocolo que consiste en tomar 10 puntos desplegados en el lote de maíz y en cada uno tomar 5 plantas, cada una de las cuales se debe revisar cuidadosamente para no provocar el escape de los insectos antes de poder detectarlos y registrarlos. Paralelamente, se analiza otro esquema más orientado a la toma de decisiones que consistiría en el muestreo en la bordura, y en caso de detectar presencia de chicharrita debería continuar en el interior del lote.

Conocer la densidad de chicharritas permite hacer una aproximación a grandes escenarios relativos en cuanto al riesgo. Por ejemplo, si el muestreo arroja ausencia o presencia. Si un muestreo de observación directa en plantas de maíz no arroja presencia de chicharritas, sugiere que por el momento no hay riesgo.

Por otra parte, la sola presencia no implica en si misma riesgo, ya que no es lo mismo si la densidad es de 1 chicharrita cada 100 plantas o cada 10. En ambos casos hay presencia, pero en el segundo la densidad es 10 veces mayor.

Aunque si hay lotes de maíz cercanos desde los cuales pueda haber dispersión, se recomienda realizar pronto nuevos muestreos.

En la decisión de control influyen numerosos factores. La presencia/ausencia de chicharritas y su nivel de densidad, pero también el porcentaje de chicharritas portadoras de los agentes patógenos que provocan el achaparramiento, y el estado fenológico del cultivo, ya que una planta en V10 tiene mucha menor susceptibilidad que una en V3.

La Red Nacional interinstitucional de Trampas de Monitoreo de Dalbulus maidis. publica informes quincenales con datos de estimación de porcentaje de portadores, donde prevalecen los análisis para detección de Spiroplasma. Por su parte, el INTA está complementando esos análisis con otras muestras obtenidas en distintos puntos del país. Se destaca la importancia de articular las diferentes redes por su complementariedad.

Un espacio para dialogar

Del conversatorio sobre Chicharrita y achaparramiento del maíz participaron destacados referentes del INTA en la temática tales como Guillermina Socias, especialista del INTA Salta, quien expuso sobre las pautas de identificación del Dalbulus maidis adulto, mientras que Karina Torrico, investigadora del IPAVE-CIAP, habló sobre el estudio del patosistema, su comportamiento y su evolución a lo largo de los años.

Por su parte, María de la Paz Giménez Pecci investigadora asociada del IPAVE-CIAP se refirió a las características de la enfermedad que produce brotes epidémicos. “Se estima que 2025/26 será una campaña intermedia entre 2023/24 que tuvo carácter de epidemia y la campaña 2024/25 que transcurrió sin problemas”, indicó, al tiempo que señaló que se estima que en los lotes muy tardíos o en resiembras podría haber problemas.

Los síntomas y pérdidas por achaparramiento, según detalló Giménez Pecci, dependerán del patógeno transmitido, así como del momento de la infección, o bien de la presión del inóculo. Además, influye la temperatura ambiente, el germoplasma y el momento de la evaluación.

Entre las tácticas de manejo, Giménez Pecci destacó la importancia del vacío sanitario, del monitoreo, del germoplasma, así como la fecha de siembra. “Hay que intentar sembrar en el medio del pelotón y lo más temprano posible”, aconsejó la investigadora.

Además, destacó la necesidad de no escalonar ni resembrar al tiempo que subrayó la importancia de fertilizar. Como última alternativa de manejo, se refirió al control químico sólo para el caso en el que ya esté presente la plaga.

Emilia Balbi, investigadora del INTA Marcos Juárez, Córdoba, habló de la proporción de chicharritas portadoras de mollicutes. Al comparar el inicio de la campaña 2025 vs. 2026 en Chaco, aumentó la proporción de presencia de mollicutes y de fitoplasma.

A su turno, Trumper destacó el rol y el trabajo de la red interinstitucional de monitoreo, al tiempo que subrayó las herramientas disponibles complementarias tales como el micro-sitio de achaparramiento del maíz en el que se encuentra el Mapa nacional de monitoreo de la plaga, la red entomológica y la observación directa.

También puede interesarte