El trabajo, realizado por el grupo de Producción Agrícola de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA San Luis en Villa Mercedes, analizó dos esquemas de siembra bajo condiciones de secano: 8,5 y 5 plantas por metro cuadrado en ocho híbridos comerciales. En promedio, los materiales bajo la mayor densidad alcanzaron los 7.408 kilogramos por hectárea (kg/ha), mientras que en la menor densidad se obtuvieron 5.825 kg/ha.
Maximiliano Riglos, investigador del INTA San Luis, explicó: “El efecto fue muy claro: cuando se aumentó la densidad, el aumento en el número de granos sobrecompensó la caída en el peso, y eso favoreció en rendimiento a 8,5 plantas por metro cuadrado”. Según detalló, el incremento se explica principalmente por el comportamiento del número de granos, que aumentó un 63 % en promedio, compensando una caída del 19 % en el peso individual.
“Hay una compensación típica del cultivo: más plantas generan más competencia; durante la floración, momento en el que se define el número de granos, las condiciones fueron extraordinarias, lo que favoreció a ese componente del rendimiento sin una reducción exagerada en el peso de los granos”, indicó Riglos.

En cuanto a la respuesta genética, el investigador explicó que el ensayo evidenció comportamientos variables. Entre los ocho híbridos, dos se destacaron al superar los 9.000 kilos por hectárea en alta densidad: el LT 722 VT3 PRO, que lo logró mediante un mayor peso de granos, y el LT 723 TRE, que se apoyó en una mayor producción de granos por unidad de superficie. Un segundo grupo, compuesto por los materiales NK 835 VIP 3 y ARG 7718 VT3 PRO, también presentó desempeños destacados con rindes cercanos o superiores a los 8.000 kg/ha.
El éxito de estos planteos también dependió del balance climático. El ciclo tuvo un arranque con restricciones hídricas, pero se recuperó con más de 200 mm acumulados entre febrero y marzo, período crítico que coincidió con la floración y el inicio del llenado de granos. Además, los planteos de alta densidad mostraron una mayor eficiencia en la captura de radiación, logrando interceptar cerca del 88 % de la radiación fotosintéticamente activa durante el llenado.
Sin embargo, Riglos destacó que el aumento de la densidad implica una mayor demanda hídrica, agotando más rápidamente el agua en los primeros estratos del suelo. “No es una receta bajo ningún punto de vista. En años húmedos, partiendo con el perfil cargado, la alta densidad podría ser una opción para evaluar, pero en escenarios secos este planteo puede jugar en contra”, advirtió Riglos.
Desde el INTA destacaron que, aunque los resultados provienen de un lote con antecedentes de cinco años de alfalfa —lo que favoreció la estructura del suelo—, el ensayo aporta información local clave para ajustar las decisiones de manejo y reducir la incertidumbre en sistemas condicionados por la variabilidad climática. “El objetivo es generar datos locales que ayuden a ajustar decisiones de manejo”, concluyó el especialista.