03 de octubre de 2012

Vinculación Tecnológica: Del sector público a la sociedad

Hace 25 años que el INTA transfiere sus desarrollos tecnológicos a la sociedad, mediante más de 400 convenios de vinculación, entre los que se destacan logros en genética de arroz, trigo y alfalfa, vacunas, inoculantes y maquinarias para pequeños productores.

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Una idea, un prototipo o un plano no alcanzan para que la innovación llegue al productor. La semilla, la vacuna o la máquina requieren ser producidas a escala por un socio productivo que lleve el resultado de laboratorio al campo.

Desde su creación, la transferencia de conocimientos situó al INTA como intermediario para garantizar que la sociedad se beneficie con sus logros. De hecho, el instituto cumplió un cuarto de siglo como promotor de la participación activa de los privados en la innovación científico-tecnológica para el sector agropecuario.

“Actuamos como intermediarios entre el sector público y privado. En una asociación de esta naturaleza, ambas partes resultan ganadoras”, dijo Adolfo Cerioni, coordinador nacional de la unidad Vinculación Tecnológica, gracias a la cual se transfieren tecnologías a empresas para su producción y comercialización, a cambio de pagos por licencias y regalías.

Para Cerioni, la Argentina se posicionó como uno de los países con mayores capacidades tecnológicas en el sector público: “En 25 años hicimos un fuerte desarrollo de asociaciones individuales con empresas para el desarrollo de tecnologías o su explotación con licencias”.

En ese sentido, indicó que “el INTA es la institución que más trayectoria tiene en transferencia de tecnología en mejoramiento vegetal y en salud animal, del país y de América Latina”. Y añadió: “Fuimos pioneros en interpretar la importancia de transferir los resultados de las investigaciones y capaz de sostenerlo, como parte de su política institucional”.

Ese camino se inició entre los años 50 y 60 con las cooperadoras: producían, procesaban y comercializaban semillas, con ingresos que se reinvertían en programas de mejoramiento.

Pero luego surgió otro desafío: ¿cómo transferir la tecnología cuando se materializaba en bienes? Así, en los 70 comenzó la promoción de empresas cooperativas: Mancosem, Lealsem, Produsem y las cooperativas de Marcos Juárez y Oliveros, creadas a instancias del INTA como distribuidores autorizados.

“El primer convenio se firmó en el año 84 con San Jorge Bagó, por la vacuna contra la aftosa”, recordó Cerioni, continuando un acuerdo del Instituto de Virología del INTA que enmarcó la invención de otras vacunas. Fue la antesala para que en 1987 naciera formalmente la unidad de Vinculación Tecnológica, bajo el modelo de la asociación con empresas constituidas.

Lo que viene

Hoy el INTA explora nuevos instrumentos de relacionamiento, en línea con la economía del conocimiento y el uso de la biotecnología en la producción. Clusters y parques tecnológicos aparecen como nuevas modos de vinculación.

El primer caso promueve la “asociación de empresas alrededor de una cadena en particular”, explicó Cerioni, donde se integran “las empresas que generan insumos y servicios para esa cadena, donde se busca mejorar la competitividad regional”.

El parque tecnológico, dijo el coordinador, “es el aprovechamiento de una infraestructura existente  de laboratorios con capacidad de desarrollo, donde se pueden radicar empresas que hagan uso de esa tecnología”. Aquí se busca la asociación de centros del INTA con empresas que usen esa capacidad.