26 de marzo de 2013

Una tradición artesanal con potencial productivo

Las hay nativas, exóticas y también variedades logradas mediante el cruce de especies. En Misiones, el INTA trabaja en la conservación de orquídeas y en el desarrollo de la cadena de valor de los floricultores.

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Conforman una paleta inagotable de colores. Sandía o vainilla son sólo dos de los aromas del gran abanico de perfumes que ofrecen. Unas son terrestres, otras viven en pantanos y otras sobre troncos o ramas. Las hay nativas, exóticas y también variedades logradas mediante el cruce de especies. “El de las orquídeas es un mundo aparte”, aseguró Doris Bischoff, investigadora del área Floricultura del INTA Montecarlo –Misiones–, quien desde el instituto promueve el desarrollo de la actividad.

En cuanto a variedades, forman una de las familias más amplias. Aunque aún en el país existen regiones sin relevar, “hay más de 300 especies, de las cuales alrededor de 180 están en Misiones”, indicó Bischoff. Sólo en el Parque Nacional Iguazú, se registraron 85.

De las 180 especies nativas que hay en la región, “hay muchísimas que están ya en peligro de extinción”, aseguró la investigadora. En respuesta a esta situación, el proyecto de “Conservación de germoplasma nativo y multiplicación in vitro a escala comercial de orquídeas en Misiones”, que se lleva adelante junto a Biofábrica SA y con el financiamiento del CFI, se propone su rescate en toda la zona.

Por su potencial, el INTA acompaña la actividad de los productores locales con el objetivo de fortalecer a un sector que, aún con carácter artesanal, provee a los mercados regionales de flores de La Plata y Buenos Aires.

Así, mediante un convenio con la Biofábrica SA ­–localizada en la ciudad de Posadas– y la Asociación Orquideófila Montecarlo, hace poco más de dos años, el instituto promueve la actividad productiva, mediante un proyecto de multiplicación a escala comercial de orquídeas nativas e híbridos, que se entregan sin costo a todos los productores de la provincia que quieran cultivarlas.

Por su potencial, el INTA acompaña la actividad de los productores locales con el objetivo de fortalecer a un sector que provee a los mercados regionales de flores.

La ciudad misionera de Montecarlo tiene tradición y trayectoria en floricultura en una provincia donde, además de localizarse los cultivos de los viveros más renombrados del país, “hay muchísimos pequeños emprendimientos familiares que hacen cultivos mixtos: plantines florales, ornamentales, arbustos y, lo que más se está difundiendo e incrementando, es el cultivo de orquídeas, tanto nativas, como exóticas e híbridos”, señaló Bischoff.

A esto se suma que, al tratarse de un grupo joven en la evolución de las plantas, su diversidad se ve ampliada por la facilidad para la obtención de híbridos exitosos, mediante el cruce de especies. “Tenemos productores que han inscripto más de 100 híbridos en el Registro Internacional de Orquídeas de Inglaterra”, agregó la especialista del INTA.

Conservación de las orquídeas nativas

Montecarlo, una comunidad pequeña de inmigrantes en su mayoría alemanes, es la capital nacional de la orquídea. Por las condiciones subtropicales del clima, es el ámbito ideal para el desarrollo de una gran diversidad de especies y es la región de la Argentina donde existe la mayor cantidad en estado natural.

Junto al gobierno provincial, los proyectos nacionales del instituto y el Consejo Federal de Inversiones (CFI), el INTA Montecarlo ­­–como parte del Programa de Desarrollo de la Cadena de Valor en Floricultura–-, inició en los últimos días un censo de los viveros misioneros, para conocer el sistema de producción y comercialización. Con los datos relevados, sumados a un estudio del mercado interno y de potenciales canales de venta, se podrá elaborar un plan estratégico para mejorarlo.

Bischoff explicó que “donde hay desmontes autorizados, junto al Ministerio de Ecología de la provincia se hace el rescate de todas las orquídeas”. Esos ejemplares se resguardan en el vivero del INTA Montecarlo, donde se hace la aclimatación y el estudio fenológico de las distintas especies. El trabajo continúa con el seguimiento de los ejemplares y la cosecha de las cápsulas de semillas. Con este material se realiza la multiplicación in vitro, de las orquídeas que luego se entregan a los pequeños productores para iniciarse en este cultivo.

Posteriormente, el instituto hace el seguimiento y brinda las capacitaciones para el manejo adecuado de esos ejemplares, dado que “no es lo mismo llevar una orquídea que se multiplica por división de mata, que estas que provienen de un cultivo in vitro, donde están en condiciones de asepsia –libre de gérmenes–, temperatura y humedad constante”. En estos casos, “al sacarlas del frasco, requieren de un período de  aclimatación y rustificación –adaptación al ambiente–, que es el más difícil y de menor sobrevivencia”, comentó la investigadora.

Bischoff: “Hay muchísimos pequeños emprendimientos familiares que hacen cultivos mixtos: plantines florales, ornamentales, arbustos y orquídeas, tanto nativas, como exóticas e híbridos”.