29 de noviembre de 2013

Termitas nativas: usinas energéticas, para un futuro sustentable

Investigaciones realizadas por el INTA determinaron que estos pequeños insectos, cuya actividad intestinal permite degradar la celulosa, podrían aportar enzimas para producir bioetanol.

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En búsqueda de estrategias sustentables para dar respuesta a la demanda de energía continua, investigadores del INTA identificaron dos especies de termitas nativas del NEA que pueden degradar celulosa para la generación de biocombustible. Su utilización abarataría en gran medida los costos que implica el proceso de degradación de biomasa que hoy se obtiene a través de cócteles comerciales de alto valor.

“Hay varias etapas para transitar desde el comienzo del procesamiento de la biomasa de residuos de la agricultura hasta la producción del bioetanol”, señaló Paola Talia, directora de la investigación, y expresó: “Por el momento, evaluamos la actividad enzimática y la diversidad bacteriana presente en el intestino de las termitas nativas que nos sirve de base para identificar genes involucrados en la degradación de la lignocelulosa, principal componente de la pared celular de las plantas”.

La obtención de enzimas purificadas que tengan esa capacidad facilitaría el proceso de obtención de biocombustibles ya que “los cócteles enzimáticos comerciales que se aplican sobre las biomasas son de costo elevado. Al obtener nuevas enzimas podríamos abaratar el tratamiento de hidrólisis que sirve para transformar las estructuras complejas de la celulosa en simples como la glucosa que luego se fermenta y se obtiene etanol”, explicó Talia.

A su vez, debido a que la disponibilidad de recursos energéticos provenientes de fósiles es limitada, la producción de biocombustibles de segunda generación (aquellos que se obtienen a partir de materias primas que no tienen usos alimentarios) resultaría una solución viable para dar una respuesta sustentable a la demanda energética.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), si bien hoy en la Argentina sólo se producen biocombustibles de primera generación, existe la posibilidad de que en el futuro próximo se desarrollen los de segunda, ya que las materias primas que utilizan compiten menos por recursos naturales (suelos y agua) con la producción de alimentos.

Una iniciativa prometedora

En la investigación, que forma parte de la tesis doctoral del becario Emiliano Ben Guerrero, se seleccionó como biomasa de estudio el bagazo de caña de azúcar, que es el residuo del procesamiento industrial del cultivo y la gramínea conocida como “pasto elefante”. Asimismo, las pruebas se realizaron con especies de termitas de Sudamérica, recolectadas en Corrientes, con diferentes hábitos alimenticios: Nasutitermes aquilinus, que se alimenta de madera y Cortaritermes fulviceps, de suelo.

Al respecto, Joel Arneodo, especialista en biología de las interacciones insecto/microorganismo que participa del proyecto, explicó que eligieron termitas autóctonas porque “a partir del estudio de nuestra biodiversidad podemos encontrar en la microbiota de estos insectos distintas enzimas que sean de utilidad para la degradación de la materia prima”.

Según Talia, el proyecto cuenta con varias etapas, los estudios de la actividad microbiana se realizan en el INTA Castelar y el bioproceso para obtener etanol se efectúa en EMBRAPA Agroenergía. “Una vez evaluadas y caracterizadas las enzimas, probamos su capacidad de digerir bagazo de caña de azúcar y pasto elefante. Luego, las enviamos a Brasil para que continúen con los ensayos y avancen en la fermentación y la producción de bioetanol”, expresó.

Las investigaciones están orientadas a producir biocombustible sustentable de segunda generación ya que “hoy, el que se comercializa es a base de granos de maíz o caña de azúcar. Por eso, proponemos colaborar con la matriz energética y utilizar residuos que muchas veces se desaprovechan o se queman y contaminan el ambiente”, concluyó la investigadora.

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