21 de abril de 2014

Revista RIA: los protagonistas del desarrollo

En el año internacional de la agricultura familiar, la revista del INTA dedica un número especial a este sector, que sostiene la producción de alimentos en América Latina y genera el 64% del empleo agropecuario en nuestro país.

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Tienen pequeñas extensiones de tierras y en la mayoría de los casos sólo cuentan con la mano de obra familiar para trabajarlas. Sin embargo, eso no parece ser una limitante para estos agricultores familiares que aportan una parte importante de los alimentos frescos que se consumen en el mundo.

Por esa razón, la ONU declaró el 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF) y, en línea con este reconocimiento, el próximo número de la Revista RIA (Vol. 40 N. º 1) presentará diversas estrategias y posibles líneas de acción para fortalecer a este sector y apuntar al desarrollo de los territorios.

De acuerdo con el INTA, los agricultores familiares realizan un valioso aporte a las economías regionales, ya que generan el 88 por ciento del total de mandioca, el 62 de la yerba mate, poseen el 77 del ganado caprino y el 49 de los porcinos, además de cifras significativas en cultivos industriales.

A pesar de esto, se encuentran en una situación de escasez estructural e inequidad en sus relaciones con otros actores, que tornan necesaria la intervención del Estado para facilitar el acceso a los recursos y a circuitos de distribución que contribuyan a aumentar la oferta de alimentos y a abastecer las necesidades nutricionales de la población.

En diálogo con la revista RIA, la especialista en Políticas Agropecuarias del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Edith Scheinkerman de Obschatko, indicó que “el Año Internacional de la Agricultura Familiar 2014, debería servir para encontrar mejores políticas y estrategias para su fortalecimiento, y no sólo para darle visibilidad”.

Según detalló, “en la última década, en la Argentina, se aplicaron políticas específicas dirigidas al fortalecimiento de la AF, que promovieron también que estos productores ejerzan su derecho a ser parte de la agenda pública, reparando así muchos años de postergación”.

En este sentido, se pueden mencionar la conformación de equipos técnicos más amplios y especializados, el otorgamiento de subsidios directos a proyectos de grupos de agricultores familiares, la creación del Monotributo Social, el estímulo a la creación de cooperativas y el aporte de organismos tales como el INTA y sus programas nacionales.

A partir de allí, la agricultura familiar logró construir nuevas modalidades de comercialización, con ciertos grados de autonomía en relación con los mercados concentrados. Como ejemplo, pueden nombrarse la proliferación en la Argentina de 480 ferias francas que, en la actualidad, cuentan con apoyo de los gobiernos locales, una estructura consolidada y una clientela fidedigna.

Como “vidriera”, las ferias francas acercan al productor con los consumidores y comienzan a delinearse relaciones comerciales que, con el paso del tiempo, trascienden esos espacios y necesitan de otras modalidades e instrumentos de política pública para abastecer al consumidor.

A pesar de que surgieron como respuesta a la necesidad de vender excedentes de los productores familiares, otras instancias de comercialización se tornan necesarias en una escala mayor. Al respecto, la directora del Centro de Investigación y Desarrollo para la Pequeña Agricultura Familiar del INTA (CIPAF), Andrea Maggio, aseguró que “la demanda y la mayor cantidad de redes y articulaciones evidencian la necesidad de que se instale otra modalidad de venta para un volumen mayor, una periodicidad más frecuente y determinados lugares estratégicos para que más gente acceda”.

Así, surgen distintas experiencias que generan “tramas de valor” que benefician a más participantes sin que actores externos capten la renta.

En esta línea, Mercedes Caracciolo, de la Comisión Nacional de Microcréditos que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, distingue seis modalidades de comercialización adecuadas al sector de la AF: Compre estatal, Relación directa productor y consumidor con gestión estatal, Relación directa productor y consumidor sin gestión estatal, Comercializadora de intermediación solidaria, Cooperativas de trabajo o comercialización de agricultores familiares y Mercados asociativos mayoristas.

Las ferias francas acercan al productor con los consumidores y comienzan a delinearse relaciones comerciales que, trascienden esos espacios y necesitan de otras modalidades e instrumentos de política pública para abastecer al consumidor.

Agricultura familiar sostenible

Entre las razones que justifican la declaración del AIAF surge la necesidad de apoyar y consolidar el tipo de producción familiar caracterizada por ser diversificada y sostenible, al combinar métodos campesinos tradicionales con prácticas ecológicas.

En esa línea, productores de diferentes asentamientos de la Puna y en valles áridos y semiáridos del NOA rescatan una práctica histórica como la trashumancia que, mediante la movilidad periódica de los animales, permite la regeneración de los pastizales que permanecerán durante los ciclos de adversidad extrema.

La particularidad de esas experiencias radica en que esos territorios áridos y semiáridos (75 por ciento de la extensión del país) son propensos a sucumbir en un proceso de desertificación por efecto de las condiciones climáticas adversas y, principalmente, por la acción desmesurada del hombre. Allí, las posibilidades de producción se reducen y se ponen en juego las estrategias de adaptación de los agricultores familiares y su capacidad de utilizar en forma sostenible los recursos naturales.

En la revista RIA de abril, se presentará una investigación realizada por el Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar Región NOA (IPAF), donde se revalorizan las practicas milenarias de los productores que, mediante la trashumancia, logran un equilibrio en la cobertura, riqueza y diversidad vegetal en los territorios de pastoreo como resultado del manejo de descansos periódicos y variables que son evaluados en forma constante por los pastores.

Productores rescatan una práctica histórica como la trashumancia que, mediante la movilidad periódica de los animales, permite la regeneración de los pastizales que permanecerán durante los ciclos de adversidad extrema.