08 de noviembre de 2016

Macri agradeció al INTA por el trabajo de Prohuerta en Olivos

Mauricio Macri y la primera dama, Juliana Awada, junto con Carolina Stanley, ministra de Desarrollo Social, recibieron a las autoridades del instituto para reconocer al equipo que desarrolla un módulo de agricultura urbana en la residencia presidencial.

  • 0

En un ambiente distendido y emotivo, la residencia presidencial de Olivos reunió a la familia del mandatario Mauricio Macri con el equipo del Prohuerta del INTA y del Ministerio de Desarrollo Social (MDS), que trabaja la huerta de la quinta. Fue un almuerzo para destacar y agradecer a ese grupo de técnicos y promotores que, desde febrero, mantienen un módulo de agricultura urbana que produce 70 kilos de verdura orgánica por semana.

El director nacional del INTA, Héctor Espina, y el coordinador nacional de Transferencia y Extensión, Diego Ramilo, participaron del agasajo acompañados por Francisco Pescio, técnico del INTA AMBA y coordinador del equipo que trabaja en la huerta. También estuvieron presentes la ministra del MDS, Carolina Stanley y la subsecretaria de Políticas Alimentarias de esa cartera, Ana Volpato, junto a su equipo técnico.

“El presidente y la primera dama nos dieron una valoración muy positiva de todo el trabajo que hacemos en conjunto con la Subsecretaría de Políticas Alimentaria”, expresó Espina, quien destacó que “Juliana dijo unas palabras muy sentidas de agradecimiento que emocionaron a los promotores, porque la huerta superó todas sus expectativas”.

Para el coordinador de Extensión, los objetivos del programa y su valor estratégico no pasaron desapercibidos: “Charlamos tanto de agroecología como de soberanía alimentaria, porque representan el sentido específico del programa. Por eso nos interesó resaltar la importancia que tiene Prohuerta en el desarrollo de los territorios, en especial para para la población más necesitada de la Argentina”.

Además, Ramilo sintetizó la historia de este particular emprendimiento: “El proceso comenzó a principios de año y la huerta estuvo a lista a finales de febrero. En abril ya operaba al 80% de su capacidad”.

En la quinta de Olivos, este espacio promovido por el Prohuerta produce 70 kilos de verduras por semana. De ese total, apenas 5 son consumidos por la familia presidencial. Con el resto, los cocineros de la residencia trabajan con estos alimentos de estación y cocinan para los 70 trabajadores de la quinta. A su vez, los excedentes de la huerta se donan a escuelas de la zona.

El armado inicial se realizó con un equipo de técnicos del Prohuerta, coordinados por Pescio desde el INTA y por Sergio Di Mauro, como referente del MDS. “Era un equipo de 25 o 30 personas, incluyendo a promotores voluntarios del programa, a quienes les dimos una ayuda económica, porque fue un trabajo muy arduo”, dijo Ramilo.

Finalizada esa etapa, quedaron cuatro personas contratadas por el programa para hacer el mantenimiento diario. Se trata de promotores barriales históricos del Prohuerta, con un profundo conocimiento agroecológico. Así, Hugo Senigagliesi, Elba González, Sergio Ruiz y Silvia Aslanides hoy son el equipo que cultiva y cosecha los alimentos de la familia presidencial, con el apoyo de los técnicos Nicolás Laffatigue y Alejandra Lara, del INTA AMBA.

Cómo es la huerta presidencial

Como parte de la coordinación del proyecto desde el INTA, Francisco Pescio conoce en detalle la huerta de la residencia presidencial. “Olivos ya tenía un invernáculo de material, muy viejo, como de 70 años, que estaba abandonado y fuera de servicio”, dijo Pescio. Ahora, la huerta tiene cinco áreas de 30 x 50 metros, más el invernáculo que fue recuperado.

Desde el comienzo, una de las consignas fue que debían lograr una huerta-jardín, es decir, con principios de paisajismo. En palabras del coordinador: “Queríamos generar un jardín del que se pudiera comer”. En efecto, si bien se mantiene la estética, allí todo tiene una función agroecológica. “Combinamos verduras hortícolas con flores (que atraen polinizadores), más aromáticas, que sirven para condimentar pero también para repeler a insectos perjudiciales y potencialmente dañinos”, detalló Pescio.

En lugar de plantar en línea recta, en uno de los sectores se hicieron mandalas. A su vez, crearon una plazoleta de cuatro triángulos pequeños, donde cada cabecera luce alcauciles. Las puertas de entrada están bordeadas con aromáticas y florales.

“Cosechamos todas las verduras que se te ocurran, ¡y más!”, contó Pescio con inocultable orgullo. Detalló: “Seis o siete tipos de lechugas distintas, escarola, seis variedades de acelga de diferentes colores y otras tantas de tomates, desde cherry amarillo hasta morado oscuro, además de los tomates platenses del Prohuerta”. La lista es inabarcable y continúa: “Coliflor, brócoli, repollitos de bruselas, arvejas, habas, frutillas… hay de todo”, enumeró Pescio, quien aclaró que el equipo lleva un registro cuantitativo y preciso de todo lo cosechado. También hay un módulo de 20 gallinas ponedoras, de genética INTA, más otro con conejos.

El extensionista explicó, además, que en la huerta de Olivos reemplazaron las flores que suelen utilizarse por los paisajistas, por variedades de especies nativas rescatadas y desarrolladas por el INTA, como mecardonia. “Eso es importante porque el INTA percibe royalties y la mitad va a las provincias que son el origen de esa biodiversidad”, sostuvo Pescio.

Por otra parte, el coordinador señaló que, al aprovechar el invernadero, son capaces de producir plantines de alta calidad y a un costo muy bajo, que luego se utilizan en huertas comunitarias o ferias, sin necesidad de comprarlos en el mercado. Esta pequeña acción genera un ahorro enorme: los plantines se logran con un valor de 2 pesos por unidad, en lugar de comprarlos en mercados a 15 cada uno.