Desarrollo territorial | 18 de noviembre de 2020

Los Valles Andinos de San Juan tienen potencial para cultivar quinua

Destacada por sus condiciones agroecológicas y fitosanitarias para la producción de granos y semillas, la provincia avanza en el desarrollo de este cultivo promisorio y con demanda creciente. El aporte del INTA para promover su consumo, producción y agregado de valor.

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En la Argentina la mayoría de las plantaciones se concentran en Salta y Jujuy. Sin embargo, el incremento de la demanda y el consecuente aumento del precio, sumado a las condiciones agroecológicas favorables para la producción de quinua en ciertas regiones del país han llevado a que este cultivo se expanda.

Con el objetivo de diversificar la producción local y aportar a la soberanía alimentaria de San Juan, desde 2013 el INTA trabaja para reintroducir el cultivo de la quinua en los Valles Andinos y Centrales de la provincia.

Para Nadia Bárcena –investigadora del área Ecofisiología del INTA San Juan–  diversificar con este cultivo agroindustrial de usos múltiples es una “oportunidad” porque permite reducir la dependencia de abastecimiento de alimentos provenientes de otras provincias. Es que, la quinua puede emplearse para consumo humano directo, procesado con valor agregado tales como harina o leche, y también, como forraje para animales y cultivo de cobertura.

Con respecto a la potencialidad de la provincia, Gonzalo Roqueiro, especialista en fisiología vegetal del INTA San Juan, subrayó las excelentes condiciones agroecológicas y fitosanitarias para la producción de granos y semillas, además de la posibilidad de mecanizar la siembra y cosecha, lo que permite bajar los costos de producción en más de un 60 % con respecto al cultivo tradicional de mano de obra intensivo. A su vez, se puede incluir en procesos de rotación.

Como si fuera poco, Bárcena reconoció que “hay un creciente interés de las empresas en adquirir quinua convencional y orgánica” y que este cultivo se volvió tendencia entre los productores de la región, a pesar de los obstáculos que se presentan.

Bárcena reconoció que “hay un creciente interés de las empresas en adquirir quinua convencional y orgánica”.

El INTA trabaja en la difusión y manejo del cultivo, al tiempo que promueve tanto la diversificación agrícola en campos de productores como su consumo en la población. “Esto contribuye a conocer más sobre las culturas nativas ancestrales, y también, a promover el abastecimiento local de alimentos nutritivos, en condiciones de una producción sustentable, con baja exigencia de insumos externos y mano de obra” resaltó Lucas Guillen –Jefe de la Agencia de Extensión Rural de Calingasta–.

El equipo se encuentra próximo a inscribir la segunda variedad de quinua de la Argentina, “Morrillos”. Esta se destaca por ser versátil, de buen rendimiento (hasta 2000 k/ha) y ciclo corto (100-120 días) admitiendo dos siembras anuales, una temprana en agosto y otra tardía en febrero. Esto facilitaría la incorporación de la quinua en los esquemas productivos de la zona, mediante la rotación con especies hortícolas y la consociación con cultivos perennes tradicionales en la región como olivo, vid y otros frutales.

Actualmente se han finalizado el registro y análisis de datos de los ensayos a campo,  elaborados durante 3 años en diferentes sitios para completar los descriptores que requiere INASE para la inscripción.

Quinua: cultivo con años de historia

La quinua es un cultivo que tiene una antigüedad de más de 7000 años en la región, y ha contribuido al desarrollo de culturas como la de Tiahuanaco y la Inca. Actualmente se extiende desde el sur de Colombia hasta la Patagonia chilena. Durante la conquista española, fue un alimento marginado y reemplazado por trigo y cebada, sin embargo las poblaciones de semillas nunca se perdieron para los campesinos andinos.

Calificada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un alimento único, debido a su alto valor nutricional ya que provee proteínas y aminoácidos esenciales para el ser humano.

La quinua es un cultivo que tiene una antigüedad de más de 7000 años en la región, y ha contribuido al desarrollo de culturas como la de Tiahuanaco y la Inca.

En relación a su calidad nutricional, Roqueiro señaló que “la semilla de quinua se consume como un cereal, de alto valor nutritivo ya que contiene más proteínas que la mayoría de los alimentos vegetales, fuera de las leguminosas”. Sin embargo, el verdadero valor de los granos y subproductos de la quinua “se debe a la calidad de sus proteínas, ya que posee mayor proporción de aminoácidos esenciales para la alimentación humana que los cereales tradicionales” agregó.

Con respecto a la variabilidad genética, la quinua se destaca a escala mundial  con más de 3 mil genotipos con diferencias en tamaños, precocidad, adaptaciones, rendimientos, colores y porcentaje de saponinas. En San Juan, se cultivan al menos tres variedades de este pseudocereal en los valles de Calingasta, Iglesia y Jáchal.

Es una planta rustica, tolera diferentes tipos de estrés abióticos, como heladas, sequías y también suelos con alto contenido salino. La quinua puede prosperar con menos de 100 milímetros de lluvia o hasta ser irrigada con agua de mar. Estas características, la hacen apta para su cultivo en condiciones agronómicas que no muchos otros cultivos pueden soportar.

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