20 de agosto de 2012

La seguridad alimentaria de la región

El número de agosto de la Revista RIA revelará algunas formas de garantizar la alimentación de la población actual y futura. Agricultura familiar, cambio climático e innovaciones “a la carta”.

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Ante un escenario futuro con una población en aumento y posible necesidad de incrementar en un 70 por ciento la producción de alimentos para cubrir la demanda mundial, América Latina y el Caribe proponen una serie de acciones para alcanzar la seguridad alimentaria en la región que serán reveladas en el nuevo número de la Revista RIA (Vol. 38 N.º 2).

Entre ellas, la red Innovagro (una red de Gestión de Innovación conformada por 52 instituciones de 16 países) presentó por primera vez ante el Grupo de los 20 diversas opiniones y puntos de vista para incidir en los acuerdos y compromisos sobre la Seguridad Alimentaria (SA).

En la declaración que esa red dio a conocer, se señaló a la innovación como el “motor para alcanzar la seguridad alimentaria” e instaron a las agencias internacionales de cooperación y financiamiento a “promover la inversión destinada a la innovación agroalimentaria para avanzar en la SA de manera sustentable a través de la incorporación de la Agricultura Familiar (AF)”, un sector que cada día toma más fuerza y hoy presenta la oportunidad de abastecer al mercado nacional.

En este sentido, la Secretaría de Agricultura Familiar de la Argentina dispuso más de 3,9 millones de pesos en su presupuesto 2009-2011 para asistencia técnica y capacitación a más de 700 mil beneficiarios y, mediante 1.140 técnicos en el territorio, trabaja en la adaptación de tecnología disponible para pequeños productores.

El subsecretario de esa cartera, Guillermo Martini, afirmó que hoy el país se encuentra en “una matriz de producción diversificada en la que también se producen alimentos en función del desarrollo nacional equilibrado”.

Por lo tanto, este tipo de actividad no sólo provee de un trabajo digno para las personas sino que aumenta en un muy alto margen el empleo agrícola y contribuye entre el 30 y el 40 por ciento del PBI regional agrícola. Sólo en la Argentina, el 66 por ciento de los productores son pequeños y generan el 20 por ciento del PB agropecuario.

La agricultura familiar en la región es importante no sólo por su potencial a futuro sino porque tiene un papel clave en la estabilidad económica de los países. Así lo aseguró el oficial regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Salomón Salcedo, al manifestar que la actividad productiva de este sector “sirvió como colchón para amortiguar el cambio de precios” sufrido en 2007 y explicó que “al ser más diversificada se encuentra menos afectada por los efectos del cambio climático y las pestes”.

No obstante, para asegurar el futuro alimentario de la población se deberán tener en cuenta también los factores climáticos que afecten a la región en los próximos años y que, según los especialistas, no siempre pueden preverse con claridad.

Según la líder técnica del Programa Intergubernamental de Cooperación “Cambio Climático: Oportunidades y desafíos para la agricultura” (PRICA-ADO) del IICA, Martha Lucía Alviar, “los escenarios del cambio climático son inciertos. En algunos modelos hay variaciones de temperaturas de un grado y en otros pueden llegar hasta ocho, Con esta incertidumbre en los escenarios no sabemos cuál sea el futuro de la oferta ambiental de la que depende la agricultura”.

Pero esta situación puede ser aprovechada para lograr el desarrollo sostenible, ya que los países deberán enfrentar los cambios a través de la planeación del territorio y los procesos propios de la adaptación.

Para lograrlo, las estrategias de innovación que tengan que ver con la gestión integral del territorio serían clave al tener en cuenta lo ambiental, lo económico, lo sociocultural y lo político-administrativo.

Según Alviar,  “la cooperación horizontal de los gobiernos es necesaria para comprender que todos somos gestores del territorio; que lo público debe acompañar lo privado y que, de alguna manera, estas alianzas nos permitirán salir de esta situación”.

Para la investigadora, “tenemos los recursos naturales, la biodiversidad y los patrones de consumo que podemos fortalecer en nuestras comunidades, en nuestros territorios” pero la clave está en la gente porque “las personas que viven de la agricultura lo tienen claro: saben que tienen que cambiar y lo que hay que hace es acompañarlas”.

Más información: RIA 38 N.º 2 Agosto 2012