24 de enero de 2012

Influencia climática sobre producción agropecuaria en la campaña 2011/12 al 24 de enero

El informe del INTA presenta el estado de la producción de carne bovina y los cultivos de maíz, girasol y soja en esta campaña, caracterizada por una muy alta variabilidad espacial e intensidad de lluvias.

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El déficit de precipitaciones en 2011 no fue muy marcado y registró lluvias muy cercanas a la media durante octubre y noviembre.  Sin embargo, diciembre presentó una marcada disminución de las precipitaciones que, sumado a muy altas temperaturas, generó una situación de estrés térmico e hídrico que impactó de manera negativa sobre los rendimientos esperados. La ocurrencia de dos eventos Niña consecutivos generó balances de agua deficitarios en el suelo. La campaña 2011/12 se caracterizó por lluvias de una muy alta variabilidad espacial y de intensidad. Así, localidades vecinas tuvieron registros de lluvias muy dispares.

Los principales cultivos agrícolas (girasol, maíz y soja) constituyen alrededor del 80% de la producción granaria argentina. Más del 85% de estos cultivos crecen en la región pampeana representada por las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa. Tanto los rendimientos (kg/ha) como el área sembrada (ha) tuvieron una tendencia creciente que determinó una producción granaria acrecentada en los últimos ocho años, con la excepción de la campaña 2008/09, cuando la región sufrió una de las peores sequías de su historia.

La campaña 2011/12 tuvo una primera etapa correspondiente a la cosecha fina (trigo y cebada) que se podría considerar como muy buena, con excelentes rindes y una producción nacional de alrededor de 15,8 millones de toneladas de trigo y casi 4 millones de toneladas de cebada. Las muy buenas condiciones para la cosecha fina también se dieron para la implantación de los cultivos de cosecha gruesa. Hacia fines de noviembre de 2011, la frecuencia de precipitaciones fue menor, las lluvias fueron erráticas e inferiores en muchos casos a las normales, con localidades donde las precipitaciones fueron récord de mínima. De todos modos, las mismas condiciones climáticas afectaron de manera desigual a los cultivos de maíz, girasol y soja.

El cultivo de maíz tiene características fisiológicas que lo hacen sumamente susceptible, si no puede contar con los requerimientos hídricos adecuados, al momento de floración.  Si bien se había advertido la posibilidad de estar ante un año “La Niña”, que aconseja retrasar la siembra lo más posible, las buenas condiciones existentes durante septiembre y octubre alentaron a sembrar un porcentaje importante de maíz en esos meses. En ese sentido, los maíces comprometidos pertenecen a los sembrados temprano (septiembre y principios de octubre).  La provincia de Córdoba, que aporta históricamente un 38% de la producción, junto con el Sur de Santa Fe y el noroeste de Buenos Aires, padecen un déficit hídrico importante que predice una disminución de los rendimientos unitarios. Dado que la superficie sembrada ha sido un 19% superior al promedio de los últimos cinco años, puede esperarse un rango de producción de maíz para la región pampeana de entre 17 a 21 millones de toneladas, lo cual significaría una disminución de la producción con respecto al promedio de los últimos cinco años, dependiendo de la evolución climática.

El cultivo de girasol está ante una muy buena campaña debido a sus características fisiológicas, que lo hace más tolerante al déficit hídrico que el cultivo de maíz y, en buena medida, a que la distribución espacial del cultivo se ubica principalmente en el centro y sur de Buenos Aires y La Pampa. El estado del girasol es bueno con un incremento en el rendimiento, comparado con el promedio de las últimas cinco campañas, de un 30%, de la mano de la mayor producción de girasol en La Pampa, cuya participación provincial alcanza al 27% del total del país. Se estima que la producción de girasol, para la presente campaña, estará en un rango de 3 a 3,6 millones de toneladas.

La siembra del cultivo de soja fue un 7% superior al promedio de las últimas cinco campañas.  Si bien el estado de los cultivos es muy variable, el rendimiento esperado es levemente inferior al promedio, por lo que se estima que el rango de producción estará en el orden de 43 a 47 millones de toneladas, de mantenerse las condiciones climáticas normales para la época.

En lo que hace a la producción de carne bovina, no se vería mayormente afectada considerando que el déficit hídrico se presentó en un momento avanzado del período de servicio. El estado de los rodeos es en general aceptable, con la excepción de algunas regiones del país (Norte de Santa Fe, Centro de La Pampa, Cuenca del Salado, Norte y Centro de Córdoba), donde se presume una pérdida en la preñez de las vacas del orden del 8%, que significaría una merma de  aproximadamente 260.000 terneros. Afortunadamente, en la región pampeana, el servicio se inició en octubre-noviembre bajo buenas condiciones ambientales, lo que permitió asegurar en gran parte la preñez de las vacas.

Preocupa, sí, que de mantenerse las condiciones climáticas con precipitaciones por debajo de lo normal, la disminución de la oferta forrajera no permita mantener la buena condición corporal de las vacas. Esto podría traer aparejado problemas de disminución de preñez al tacto, con potencial pérdida de terneros. De persistir las condiciones climáticas adversas, la situación habrá de empeorar; por el contrario, si las precipitaciones se restablecen, el impacto será mínimo.  Es importante señalar que la disminución de la carga animal obró de manera favorable en la afectación de la oferta forrajera.

Una cuestión a tener en cuenta es la dificultad que enfrentaría la ganadería de contar con reservas de forraje (heno, sorgos y maíces diferidos, verdeos de verano, etc.) para suplementar a las vacas en el próximo otoño-invierno, previo a la parición.