Potencial forrajero | 29 de mayo de 2019

El sorgo gana protagonismo en las dietas ganaderas

Estudios del INTA Manfredi –Córdoba– demuestran que, con ensilajes de sorgo, se logran niveles de rendimiento forrajero, calidad y nutrición animal similares a las obtenidas a partir de ensilajes de maíz. La elección del híbrido es clave para obtener una respuesta animal competitiva, sumado a las buenas prácticas para la confección de silajes.

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Lejos de considerarse una reserva forrajera de uso ocasional, la combinación de ensilajes y ganadería es una decisión que gana consideración entre los productores. Además de aumentar la productividad, el uso de picados permite incrementar la oferta forrajera total, brinda estabilidad a lo largo del año y facilita la obtención de un balance nutricional positivo en las distintas etapas de producción, principalmente en recría y engorde.

Debido al abanico de aspectos beneficiosos, técnicos del INTA Manfredi –Córdoba– exploran las potencialidades del sorgo como recurso forrajero alternativo al maíz, a partir de evaluaciones realizadas en parcelas experimentales, lotes de producción y campos de productores.

Con una marcada tendencia hacia la eficiencia, los resultados indican que los animales alimentados con ensilajes de sorgo logran niveles respuesta productiva similares a los obtenidos con ensilajes de maíz. La elección del híbrido es clave para obtener una respuesta animal competitiva, sumado a las buenas prácticas para la confección de los ensilajes con picados de planta entera.

Estos estudios cobran importancia a la par del buen momento tecnológico que atraviesa el sorgo, con hechos destacables como la buena performance de los híbridos sileros para la nutrición animal y el lanzamiento de los primeros cultivares del mercado con resistencia a herbicidas del grupo de las imidazolinonas para el control de malezas.

“Estas innovaciones, apoyadas por las ya conocidas virtudes del sorgo respecto a adaptación a los cambios climáticos, menores costos, mayor seguridad y potencialidades de producción equivalentes en comparación con el maíz, abren una gran perspectiva de crecimiento del cultivo aplicado a la producción ganadera”, reflexionó Marcelo De León, investigador del INTA Manfredi –Córdoba–, quien hará un repaso de estos temas en el Congreso MAIZAR 2019, que se llevará a cabo el martes 28 de mayo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Así las cosas, De León valoró la incorporación del sorgo en ganadería –debido a que significa su transformación en proteína animal en origen–: “Al igual que el maíz, el sorgo brinda un alto potencial de producción de forraje de buena calidad, que puede ser conservado para su uso estratégico en cualquier momento y para distintos requerimientos nutricionales”.

Para el investigador, esta versatilidad contribuye a intensificar los sistemas productivos, si se tiene en cuenta que uno de sus objetivos es aumentar la carga animal sin disminuir las ganancias de peso individuales, al tiempo que amplía el uso de pasturas durante el ciclo ganadero, con efectos directos sobre la productividad total del sistema.

En este sentido, De León sostuvo que el forraje conservado se convirtió en un elemento estratégico en la planificación de producciones eficientes y rentables. “La amplitud de materiales genéticos en sorgo ofrece excelentes alternativas para la confección de silajes de alto rendimiento, calidad y seguridad”, enfatizó el especialista, y agregó: “En ganancia de peso, la respuesta animal presenta resultados compatibles con procesos de recría y de engorde de alta eficiencia y equipara los índices de dietas basadas en maíz”.

De igual modo, destacó las aptitudes del sorgo para adaptarse a zonas ganaderas con características climáticas y edáficas adversas para el cultivo de maíz y a zonas relativamente buenas en años secos. “Debido a su tolerancia a la sequía, mayor seguridad, alta producción de forraje y menores costos, el cultivo de sorgo es una alternativa cada vez más difundida para la confección de ensilajes”, resumió De León.

Evalúan genotipos y respuesta animal

De acuerdo con el técnico, la evaluación del comportamiento de diferentes genotipos permite reconocer las variables de mayor impacto para su utilización como ensilajes de planta entera. “Esta herramienta no sólo mejora la toma de decisiones en los sistemas ganaderos, sino que también ayuda a establecer las bases para definir los criterios de selección en los planes de mejoramiento genético de estos cultivos”, resaltó De León.

Uno de los estudios realizados por el equipo de especialistas en forrajes conservados del INTA Manfredi comprendió la evaluación de dos híbridos de sorgo, uno granífero y el otro silero, con características y aptitudes para ser usados para la producción de ensilajes. Se los comparó con tres híbridos comerciales sileros de maíz.

Los materiales se sembraron en forma aleatoria en parcelas de tres hectáreas cada una que, en el estado de madurez de grano pastoso (120 días después de la siembra), se picaron y se almacenaron en silobolsas. Luego, se determinó la respuesta animal con novillos Aberdeen Angus alimentados en corrales con estos silajes: sorgo silero, sorgo granífero y maíz.

En cuanto a los resultados, el aporte de materia seca por hectárea mostró diferencias significativas: el sorgo silero arrojó 22.714 kilos, más que el granífero (18.096) y el maíz (19.356). En tanto, el consumo, aumento diario de peso vivo y conversión de alimento en carne fueron mayores y similares para los tratamientos con maíz y sorgo granífero.

La mayor proporción de grano en el ensilaje del sorgo granífero y su calidad (blanco bajo tanino) permitió obtener un alimento de un valor nutritivo similar al de maíz y una misma respuesta animal.

Por su parte, el mayor rendimiento total del sorgo silero diluyó su cantidad de grano y su alto contenido de taninos posiblemente afectó su degradabilidad ruminal –utilización que hacen los microorganismos ruminales de los nutrientes–. Este comportamiento provocó menores ganancias de peso, pero suficientes para excelentes recrías.

Criterios para elegir el híbrido

La calidad de los silajes es una condición clave para lograr los mejores beneficios económicos en la producción de carne o leche, y una estrategia para incrementar el potencial de calidad está dada por una correcta elección del híbrido que se siembra.

A la hora de seleccionar un híbrido silero –entre la amplia variabilidad de alternativas que existe para los cultivos de maíz y sorgo–, un primer indicador es la proporción de grano respecto al tallo. Si bien los componentes del grano son más degradables que los tallos y las hojas, los componentes del tallo pueden ser más importantes en términos cuantitativos –aporta entre un 45 y un 75 % del total de materia seca de la planta–.

Otro parámetro para tener en cuenta se relaciona directamente con la digestibilidad del alimento y se puede conocer a través de un análisis de calidad nutricional en laboratorio. En este sentido, ensayos del INTA determinaron que los sorgos sileros, azucarados y nervadura marrón (BMR) tienen mayor degradabilidad de la pared celular (componente de las plantas) determinada mediante el análisis de FDN (fibra detergente neutro), respecto a maíz y a otros tipos de sorgos como los forrajeros.

Tanto en maíz como en sorgo, el momento de corte y picado de los cultivos para la confección de silajes puede afectar la producción forrajera, la composición morfológica de la planta, la calidad del forraje cosechado, el proceso fermentativo y el nivel de pérdidas. “Todos estos factores determinan la respuesta de los animales que consumen ese forraje y condicionan también el resultado económico del proceso productivo”, observó De León.

En esta línea, la recomendación es calcular la ventana de picado, definida como el tiempo en la que el cultivo se mantiene dentro de las condiciones adecuadas para que el proceso de ensilado se produzca en forma óptima. Para lograr estado óptimo, el contenido de humedad del cultivo debe estar entre un 33 y 38 % de materia seca y el estado del grano, en estado pastoso (alrededor de 120 días después de la siembra).

Silaje enriquecido

Los ensilajes pueden adaptarse a los requerimientos de los animales en distintas etapas de producción mediante la formulación de dietas con el agregado de concentrados proteicos y/o energéticos, que aseguren las ganancias de peso necesarias para cada proceso.

“Para las recrías, habrá que considerar como prioritario el aporte de proteína para el crecimiento animal y ganancias de peso intermedias de 500 a 700 gramos por día, mientras que, para engorde, el aporte energético deberá contemplar ganancias de peso superiores a un kilo diario a fin de lograr los procesos de engrasamiento y terminación”, detalló De León.

De acuerdo con el especialista, “la adopción de silajes en la recría permite una alta producción por hectárea durante la época de restricción de oferta forrajera de las pasturas, para luego continuar con el proceso de terminación, ya sea mediante el engorde a corral o bajo condiciones de pastoreo con suplementación”.

Hay diferentes estrategias de suministro de los silajes: desde su uso como suplemento hasta su uso como único alimento, tanto en épocas de restricción de oferta forrajera como en situaciones de engorde a corral. “Una de las alternativas para quienes se inician en el uso de los silajes, sin contar con infraestructura y maquinaria adecuada, es el autoconsumo que, con los recaudos necesarios, puede dar excelentes resultados”, propuso De León.

En línea con las observaciones registradas en los ensayos, es posible cubrir las necesidades de las distintas categorías de animales según la calidad de los silajes. Los de baja calidad (menores a 60 % de digestibilidad) cubren adecuadamente los requerimientos de vacas de cría, mientras que los de calidad intermedia son adecuados para las ganancias de peso en rodeos de recría.

Por el contrario, picados con niveles de digestibilidad mayores al 66 % permiten que los animales cumplan y hasta superen las tasas de crecimiento relativas a esta etapa de recría, con la consiguiente deposición de grasa requerida para el engorde.

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