28 de julio de 2011

Cómo enriquecer la dieta para el invierno

La incorporación de fósforo y sodio es una práctica que favorece el aumento del porcentaje de preñez en vacas con cría al pie y el peso al destete de los terneros.

Ensayos realizados en el INTA Mercedes, demostraron que mezclas minerales con un contenido mínimo de 9% de fósforo permite corregir la deficiencia de ese elemento en vacas de cría y terneros.

Sebastián López Valiente, del grupo de producción animal del INTA Mercedes –Corrientes– indicó que: “Las vacas que consumieron suplemento mineral al 9% se encontraban en mejor condición corporal y atenuaron su pérdida de peso durante el servicio, en comparación con las que consumieron una mezcla del 6%”.

Por otro lado, los registros indican que los terneros de esas madres fueron 700 gramos más pesados al nacer y registraron 5,1 kilogramos demás al momento del destete, producto de una mayor ganancia de peso al pie de la madre y probablemente debido a una mayor producción de leche.

La suplementación con mezclas minerales de fósforo (P) y sodio (Na) es una herramienta que ayuda a evitar la pérdida de peso del vientre durante el servicio y la lactancia, disminuir a la mitad la cantidad de tratamientos de la lactancia y aumentar el peso al destete de los terneros y el porcentaje de preñez en vacas con cría al pie.

López Valiente destacó la importancia de esta práctica en la zona Sur de Corrientes debido a que “el contenido de fósforo de los pastizales naturales no alcanza a cubrir las necesidades de la vaca de cría. Esta deficiencia que poseen las plantas, una vez consumida se traslada a los animales”.

Los recursos forrajeros en el NEA –pastizal y pasturas subtropicales– son para producción estacional de forraje –primavera-verano-otoño–, con crecimiento escaso a nulo durante el invierno. La escasa cantidad de fósforo presente en los pastizales no cubre los requerimientos de una vaca en determinados períodos, situación que se agrava en momentos como la lactancia, donde el vientre debe volver a ciclar –entrar en celo– y preñarse nuevamente.

El consumo de fósforo al 9% hizo que las vacas requieran la mitad del tratamiento habitual de la lactancia –destete temporario y precoz–. Al finalizar el servicio, la totalidad de estos vientres estaban ciclando, lo que representa una efectividad del 100%, en comparación con el 89% alcanzado con la dosis tradicional del 6%.

“La mayor ciclicidad –indicó el especialista– se refleja en un  97,2% de preñez final. La diferencia que se logra en el estado fisiológico se debe a la menor pérdida de peso y a los mayores niveles de fósforo en sangre”.

Aunque la suplementación mineral del 9% de fósforo tiene un costo más elevado que la mezcla con el 6%, el técnico del INTA Mercedes explicó que “los beneficios trasladados al mayor peso ganado por los terneros, incluido el aumento en el porcentaje de preñez y el menor costo por tratamientos de la lactancia justifican el aumento de la dosis”.