28 de septiembre de 2011

“Los agricultores familiares generan el 54% del empleo rural”

Así lo destacó Gustavo Tito, director del Instituto para la Pequeña Agricultura Familiar de la región pampeana. En la Argentina, “más del 60% de los establecimientos agropecuarios pertenece a este tipo de trabajo”.

La noche es cerrada y la escarcha cruje bajo los pies de los Acosta, en Florencio Varela –Buenos Aires–. Son las cuatro de la madrugada y el camión va rumbo al mercado de Avellaneda repleto de lechuga, pimientos y tomates: productos típicos de ese cordón hortícola. Los Acosta son una de las 160.000 familias que, de acuerdo con el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (CIPAF) del INTA, generan alimentos y dinamizan las economías regionales.

Para Gustavo Tito, director del  (IPAF) en la región pampeana, este sector está muy extendido: “En total, más del 60 por ciento de los establecimientos agropecuarios de la Argentina pertenecen a la agricultura familiar y generan el 54 por ciento del empleo rural”.

Por su parte, el referente del Programa Cooperativo para el Desarrollo Tecnológico Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur (Procisur), Alfredo Albín, explicó que “la agricultura familiar es un tipo de producción en la que la unidad doméstica y la unidad productiva están físicamente integradas. La agricultura es la principal ocupación y fuente de ingresos del grupo familiar y la familia aporta la fracción predominante de la fuerza de trabajo”.

Estos agricultores, además de aportar a la seguridad y soberanía alimentaria nacional, utilizan tecnologías amigables con el medio ambiente y mantienen un entorno saludable. “Producen alimentos sanos para mercados de proximidad. Por eso es clave sistematizar la posibilidad de llevar a las ciudades populosas todo el trabajo que se realiza en las periferias”, indicó el director del IPAF pampeano.

Para apoyar estas iniciativas, el INTA reúne a fabricantes y proveedores de máquinas y herramientas para la agricultura familiar: “Resultan muy importantes porque ayudan a posicionar a la agricultura familiar con toda su potencialidad productiva. Son como rondas de negocios que traen las tecnologías apropiadas para que las familias pueda producir cada vez más y mejor en su escala”, dijo Tito.

En esta línea, José Luis Russo, director del INTA Corrientes, subrayó el valor de “lograr instrumentos financieros para desarrollar prototipos de pymes, que están trabajando en este tema, para lograr alimentos de alta calidad diferenciados para toda la población. De esta manera este sector, también conocido como agricultura periurbana, irá creciendo y tomando cada vez mayor identidad”.

Agua, esa fuente de vida

Uno de los objetivos del IPAF es la generación y validación de tecnologías apropiadas. De hecho, una de sus metas consiste en “desarrollar y adaptar maquinarias y herramientas adecuadas a las realidades y lógicas de cada región. Además de contribuir al desarrollo e innovación de tecnologías para la transformación de la producción primaria del sector”.

En Hornillos –Jujuy–, se instaló un parque hídrico demostrativo con la intención de generar un lugar de aprendizaje, intercambio de conocimientos y de análisis de las tecnologías para pequeñas obras hídricas con observaciones directas en terreno. Esas tecnologías suponen alternativas para el abastecimiento del agua: captación, conducción a través de cañerías, canales y puentes, riego presurizado, conservación de suelos y bombeo por equipos manuales y accionados por energías renovables.

En ese sentido, el predio permite conocer bombas solares, eólicas, arietes hidráulicos y bombas de soga, además de sistemas de almacenamiento como tanques cisterna y represas. Asimismo, se pueden ver tecnologías de aplicación y uso del agua en las que se exponen sistemas de riego por goteo, por aspersión y micro aspersión, bebederos para ganado y terrazas de cultivos típicas en la zona andina.

“Esta experiencia resaltó la importancia de estos espacios para la gestión del conocimiento y el desarrollo de tecnologías apropiadas destinadas a mejorar las condiciones de vida de las familias”, señaló Darío Setta, comunicador del IPAF NOA, para quien el recurso hídrico es vital para las familias agricultoras: de esto depende, entre otros factores, el arraigo en los territorios.

Antonio Lamas, integrante de la comunidad de Azul Pampa y secretario de la Unión de Pequeños Productores Aborígenes de Salta y Jujuy (UPPAJyS), coincidió en que “el objetivo es que reviva nuestra comunidad, que nuestros chicos no emigren y nuestros ancianos no mueran por falta de recursos básicos”.

La construcción de obras demostrativas y pequeños sistemas hídricos a partir de numerosos manantiales u “ojitos de agua” permitió observar de manera dinámica y real cada una de las tecnologías y sistemas construidos, además de ver la dinámica del agua en la región andina, tanto de cursos superficiales como subterráneos.

Con la base jujeña, en Belén –Catamarca– se instaló una nueva unidad de gestión del conocimiento: un parque que cuenta con tecnologías que permiten mejorar el acceso a recursos indispensables como el agua, equipamientos para el uso de energías renovables –solar, eólica e hidráulica– y desarrollos tecnológicos para la producción de valor agregado.

Roberto Cruz, agricultor de la comunidad quebradeña de Juella y miembro de la organización red Puna, expresó: “El parque es un espacio en el cual podemos ver cómo acceder al agua y al mismo tiempo aprender sobre sus usos y manejos. Para qué regiones son apropiadas y cómo se construyen distintos sistemas de captación, conducción y almacenamiento”.

Estas líneas de acción se potencian en el asociativismo y la comercialización de los productos, lo que genera una salida digna en lo económico y social a las familias que trabajan esta producción a pequeña escala.

Las líneas de acción directa de este programa se centran, entre otras, en trabajos de producción de alimentos y bienes, artesanías textiles, comercialización de carnes, compras del Estado, certificación participativa, experiencias asociativas, análisis de normativas que regulan la producción y circulación de los productos de la pequeña agricultura familiar.

El fruto de la semilla

Desde la asociación Varela Verde, de Florencio Varela, describieron que las extensiones de tierra, en la agricultura familiar pampeana, suelen ser de una hectárea o menos. En esta porción los productores logran mejoras productivas mediante sistemas de goteos, invernáculos y talleres en los cuales aprenden las nociones básicas sobre las buenas prácticas agrícolas.

Esto se logra con fondos que el Estado, luego de aprobarse ciertos requisitos básicos, les otorga a las familias. Los préstamos suelen cubrir hasta un 70 por ciento del proyecto, mientras que lo restante corre por cuenta de los productores.

“Sólo en Florencio Varela, casi 500 familias –portuguesas, bolivianas, entre otras comunidades– viven dignamente de esta manera”, remarcaron desde la asociación, cuyos miembros recorren las producciones para evaluar qué tipos de herramientas e insumos necesitan, además de ayudarlos a entrar en el circuito formal de la economía mediante inscripciones como el monotributo social.

Y es en este contexto que el lema del IPAF Región Pampeana toma fuerza y se hace inmenso en cada pequeño gigante de la Argentina, como los Acosta de Florencio Varela: “Un espacio en el que los pequeños productores familiares están incluidos”.

INTA Informa #119

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